Lindy Shock

Hace un par de semanas que volvimos del Lindy Shock. Es un festival de lindy hop que se celebra en Budapest en otoño y tras muchos años pensando en ir, por fin me animé en esta última edición. Lo cierto es que es un evento diferente: dura cinco días, se celebra en unos barcos en el Danubio y tras vivirlo plenamente, debo decir que es el evento en el que hay que estar. Me acompañaron en esta aventura los incombustibles Natalya, Israel, Íñigo y Mirja. Nos lo pasamos tan bien que Israel e Íñigo quería repetir experiencia y están ahora mismo en el Dragon Swing, en Polonia… ¡vaya figuras!

 

 

Lo primero es que Budapest es una ciudad maravillosa… mola mucho hacer turismo y conocer una ciudad como ésta aprovechando que vas a un festival, o al revés, ir a conocer una ciudad y de paso ir a un festival, jeje. Visitamos la ciudad vieja de Buda, el mítico Puente de las Cadenas, los edificios magestuosos de Pest, bares centenarios, y los baños del Balneario Széchenyi. Esto último es muy divertido; a pesar del frío que hacía en la calle, te podías relajar en las piscinas exteriores y disfrutar del contraste de temperaturas. Es uno de los centros termales más grandes y populares de Europa y merece mucho la pena vivir la experiencia.

 

 

Eso sí, casi todo lo que vimos, lo vimos al atardecer o ya directamente a oscuras, puesto que era imposible llegar a casa antes de las 5 o 6 de la mañana, por lo que pusimos el “modo vampiro ON” y dormíamos por el día y salíamos por la noche.

En el Lindy Shock tienes reunidos a los mejores profes del panorama internacional: Kevin & Jo, Frida & Skye, Katja & Peter Loggins, Naomi & Peter… y otras diez parejas de lo mejorcito. Eso sí, creo que un festival tan grande, con más de 1000 asistentes, no es el mejor sitio para tomar clases, aunque siempre es una manera de conocer gente y de poder conectar con followers o leaders que te gustan para poder luego bailar con ellos a la noche. Hay una cosa que me gustó mucho del Lindy Shock, y es la posibilidad de tomar clases a partir de las 6 de la tarde, lo que te permite disfrutar de las fiestas hasta el fin y visitar un poco la ciudad. Aunque si te quieres dar un homenaje, tienes la posibilidad de ir a por el Full Pass y tomar un total de 20 horas de clases… no está nada mal.

Pero, lo mejor sin duda de este evento son las fiestas de por la noche, sobretodo el viernes, sábado y domingo, con las mejores bandas que hay ahora mismo en el mundo para bailar Lindy, como son los Shirt Tail Stompers, Jonathan Stout y Gordon Webster. Y sí, simultaneamente!!! Por ejemplo, la noche del sábado teníamos a los Shirt Tail Stompers tocando Blues y canciones lentas en una de las salas, a Jonathan Stout tocando con su banda en otra y a Gordon Webster petándolo de lo lindo en una tercera. Increíble, el paraíso de cualquier Lindyhopper…

Me encantan los Shirt Tail Stompers, siempre traen buen rollo, y tocan de maravilla, pero hay que reconocer que la fiesta que se monta cuando toca Gordon Webster es inigualable… en cualquier caso, una pasada y una experiencia brutal!! Otro momentazo fue en la fiesta de despedida del domingo. Tocaban los Shirt Tail Stompers, y en un momento dado, apareció Gordon Webster y se puso a tocar el piano a cuatro manos junto con el pianista (ahora mismo no recuerdo su nombre) de la banda… la gente se volvió loca. El barco se balanceaba mientras todo el mundo estaba haciendo bounce como locos. Qué divertido!

 

Aunque para divertida, la experiencia del crucero del Danubio. Esto pasó el viernes noche. Se supone que es una especie de viajecito romántico en el barco del Lindy Shock, a la vez que tocan las bandas. Mucha gente sube a la cubierta y bailan allí. Hacía un frío del carajo, pero cada vez que pasábamos por debajo de un puente, todo el mundo se ponía en un extremo del barco y comenzaba a correr hacia el otro, tratando de permanecer debajo del puente todo el rato… ¡Parecía un encierro de San Fermín, muchas risas!

Por otro lado, el nivel de los bailarines en el festival es muy alto. Todo el mundo que suele viajar para bailar está en el Lindy Shock, y aunque muchas veces hay poco espacio, los buenos bailes están garantizados. También hubo shows, competiciones, y bar y restaurante abiertos a todas horas, lo cual es de agradecer, porque sin sustento, aguantar tantas horas de baile sería un milagro.

Creo que el año que viene volveremos, y esperamos que más gente de Big Kick se una. Viajar para bailar es la mejor experiencia que hay, al menos para mí, porque uno mis dos pasiones: el baile y los viajes. ¡Viva la vida

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